La obra «¡No corras, niño!» retrata la violencia policial contra las personas negras, centrándose en la historia real de Eduardo da Silva Santos, un niño de 11 años que fue víctima de una bala perdida. Este monólogo se adentra en el racismo estructural de Brasil, donde cada 12 minutos se asesina a una persona negra, y arroja luz sobre la brutalidad a la que se enfrentan a diario los niños negros y de los barrios periféricos.